Embarazo adolescente: Ventana a las relaciones desiguales de género en Centroamérica

Ponencia presentada por Ariana Fernández

Investigadora de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano
En la Conferencia: Confronting War, Militarisation and Global Insecurity as an International Health Community
Universidad de York, Gran Bretaña
Del 4 al 6 de setiembre 2017

Embarazo adolescente

América Latina, a pesar de no sufrir guerras entre estados, se configura como una de las regiones más violentas del planeta. Difícilmente se encontrará otra región que iguale la cantidad de homicidios de El Salvador, Honduras y Brasil, países todos en el término clásico de “país en paz”, es decir, que no están en guerra. Esta región también está caracterizada por una enorme violencia en contra de la mujer lo cual esta correlacionado con el incremento en embarazos de adolescentes. Utilizaremos en este estudio, la cantidad de partos de adolescentes para explorar los diferenciales del poder de género en Centro America y particularmente en Costa Rica.

En primer lugar, es necesario aclarar que las estadísticas que se usan en este análisis, se refieren a partos de adolescentes, que son los cuantificables, y a que los embarazos no lo son. Cuando no se usan estadísticas, sin embargo, las consideraciones sobre las desigualdades o diferenciales de género son relevantes tanto para los partos como para los embarazos. Se produce un “embarazo adolescente” cuando el mismo tiene lugar en niñas o mujeres de 10 a 19 años de edad. Un embarazo en estas edades puede matar, enfermar, empobrecer y corta seriamente el potencial de vida de los cientos de miles de mujeres que lo experimentan.

Para ilustrar el grave problema que representa el embarazo adolescente, debe tenerse en cuenta que Costa Rica, país con la menor proporción de estos en toda Latino America, ha sufrido 15,000 desde el 1978, equivalente al 20% de todos los partos en ese periodo. Esta proporción es mayor que la de Cambodia y Pakistan, y solo un poco menor que la de Yemen. De esos 15,000 partos, 500 de ellos fueron sufridos por adolescentes menores de 15 años de edad, incluyendo algunos por niñas de 9 años. Este grave problema ha sido estudiado tradicionalmente desde el punto de vista del trabajo social, la salud y la psicología, pero nunca desde una perspectiva estructural. Aunque siempre existe un porcentaje que quieren quedar embarazadas, el ángulo estructural estudia los casos en que las estructuras sociales empujan a las adolescentes hacia el embarazo. Las relaciones de género desiguales, por ejemplo, crean condiciones que suben las tasas de dichos embarazos.

Estas condiciones estructurales pueden originarse en varios escenarios, como lo son la guerra, los desastres naturales, las epidemias, la pobreza y también el tipo de economía política y la violencia que caracterizan a una sociedad en particular. La violencia se manifiesta de dos formas, en la violencia física y aquella que es estructural. La primera es la que mata, roba, y provoca el embarazo mediante la violación de la adolescente por un hombre. Por otro lado, la violencia estructural, según Galtung, es aquella donde el daño es producido cuando la estratificación social no satisface las necesidades básicas para el bienestar personal. Es una violencia que no tiene el acto físico del abuso, pero si el invisible: morirse de hambre, la enfermedad producida por la carencia, la ausencia de herramientas para impedir el embarazo y el machismo desaforado.

En ambos sentidos, Centroamérica es una de las regiones más violentas del mundo. El machismo ve a la mujer como un ser inferior, como un objeto que puede ser transado. Esta estructura patriarcal le permite el hombre verse provisto de derechos sobre las niñas de 10, 11 o 12 años, sin visualizar la existencia de un entorno protector. La virginidad de las niñas se considera un activo, igual que la ignorancia de estas sobre el tema de derechos sexuales y reproductivos, lo que le permite tanto a sus padres como a sus compañeros constituir relaciones desiguales de poder, que a su vez se afianzan con los embarazos.

Esta violencia estructural incluye a las Maras marcando territorio mediante el embarazo de adolescentes, así como a las poblaciones migrantes empobrecidas y trabajando en zonas de monocultivo que no cuentan con los medios para atender a sus hijas. También se cierne sobre las adolescentes que al salir solas de sus países hacia México o Estados Unidos son abusadas sexualmente. La investigación revela que un tercio de las mujeres encuestadas fueron víctimas de abuso sexual durante su viaje. De estas, el 60% fueron violadas por miembros de bandas criminales y por policías. Igualmente arropa a las chiquitas que han sido violadas por sus familiares durante anos. Estos ejemplos demuestran los efectos terribles que la violencia estructural desata contra las adolescentes.

En Honduras, Guatemala, Nicaragua y El Salvador las cifras de embarazos adolescentes son verdaderamente alarmantes. En Honduras, la violencia contra las mujeres se ha triplicado en los últimos 7 años, lo que significa un aumento significativo en el abuso sexual, la violencia doméstica y las muertes de mujeres por el solo hecho de ser mujeres. Su ratio de homicidios es de 50 personas por cada 100,000, lo que es 5 veces más alto de lo que se considera una epidemia por las Naciones Unidas. El 95% de estos crímenes no son solucionados por las autoridades, lo que para todos los efectos prácticos, garantiza una impunidad absoluta para los homicidas, incluyendo las casi dos niñas que son asesinadas diariamente por sus compañeros domésticos.

En Nicaragua, en la década del 2000 al 2010, casi el 30% de los partos correspondieron a adolescentes entre las edades de 10 a 19 años. De acuerdo con el Instituto Medico de Nicaragua el 90% de los abusos sexuales son perpetrados contra menores de edad. En El Salvador prevalece la dinámica de las gangas o Maras, donde el abuso sexual se utiliza para marcar territorio y aterrorizar a las comunidades. La violación es un arma: las adolescentes asociadas a una mara usualmente son víctimas de miembros de otra y estos crímenes no son reportados por el terror que prevalece en ese mundo. Tan es así, que el 30% de los partos son de adolescentes y cada 21 minutos una de ellas queda embarazada. En Guatemala, el Ministerio de Salud reporto un aumento de 89% en el abuso sexual de adolescentes, concentrado en niñas entre las edades de 10 a 14 años. De los 79,000 partos adolescentes reportados en el 2016, 5,000 de ellos fueron de niñas menores de 15 años de edad.

Las cifras de embarazos adolescentes en Costa Rica son inferiores a las de Nicaragua, El Salvador y Honduras. Sin embargo, a la luz de la inversión social que efectúa este país, las tasas deberían ser mucho menores. El 80% de los embarazos adolescentes no son deseados, situación que se asemeja al resto de Centro America. De las 15,000 adolescentes que paren cada año, 500 de ellas son menores de 15 años de edad. De estas 500, el 98% no tenían parejas declaradas, algo muy parecido a los países vecinos. Aunque Costa Rica no tiene el problema de maras, ni las tasas tan altas de violencia, si carga con un grave problema de machismo, que produce una violencia de género. El machismo le otorga al hombre un poder sobre las mujeres de carácter muy asimétrico, lo que prácticamente inmuniza a este de los abusos sexuales, porque esa impunidad se percibe como una inmunidad que puede repetirse infinitamente.

Estas estadísticas demuestran la condición precaria en que se encuentran las mujeres y las niñas en Centro America. La violencia contra las mujeres disminuye dramáticamente su potencial como miembros de la comunidad (la mayoría de ellas no terminan la escuela), y afecta también el desarrollo de sus hijos. Esta presentación sostiene que el embarazo de adolescentes es un problema estructural que no puede ser evitado por las adolescentes y, provocando unos diferenciales insostenibles de poder entre los géneros. Por esta razón, Costa Rica está muy lejos del país tan pacifico que pretende ser, lo que que provoca una reevaluación de los conceptos de Paz y Violencia. Esta violencia estructural contra las mujeres no se puede correlacionar con lo que el estado de Costa Rica invierte en el bienestar social de sus ciudadanos.

El embarazo adolescente es heterogéneo en Costa Rica. En las plantaciones grandes ocurren altos niveles de embarazos, mientras que en las pequeñas casi ninguna. Todo depende de que las comunidades tengan mecanismos para proteger a las niñas de tales embarazos hasta que sean adultas. Los factores más importantes son la cohesión y la coerción social, la presencia de bibliotecas y de reuniones familiares donde los trabajadores asisten con toda su familia. Por otro lado, comunidades que producen muchos embarazos tienden a estar asociadas con plantaciones grandes en donde los trabajadores son en su gran mayoría hombres. Por estas razones, la explicación de los embarazos adolescentes en Costa Rica esta correlacionado con la economía política de las comunidades.

En conclusión, el tema del embarazo adolescente en Costa Rica, y en Centro America, pone en cuestión el lugar de las mujeres en la sociedad, la perpetuación de la pobreza y la injusticia social, como condiciones que regulan la seguridad real de los seres humanos, tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz.

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